
Son sólo dos niñas, dos rostros borrosos que podrían ser los de cualquiera de nuestras hijas, primas o hermanas. Igual que las caras de estas niñas, la frontera entre lo correcto y lo incorrecto, la desvergüenza o la decencia están tan difuminadas para algunos que no dudan ni un segundo en joder a quien sea, incluyendo —¿por qué no?— a menores. Pederastas de la opinión, hombres del saco y la sentencia para los que cualquier cosa vale con tal de tumbar a su presa. Todo muy patriótico, todo muy repugnante.
No me gusta Zapatero, me parece un radical, un cínico y un muy mal presidente; pero mucho menos me gustan quienes rastreramente han usado estos días a sus hijas para atacarle. Que las niñas acudieran a un viaje oficial con su padre puede gustar más o menos, e incluso es bueno que se debata tal cuestión, lo que produce verdadero asco es que columnistas, políticos y cualquiera con la suficiente mala baba, se hayan burlado del aspecto físico de unas adolescentes que ningún daño han hecho a este miserable mundo en el que habitamos.
Laura y Alba son dos niñas, tan sólo eso, y como la mayoría de nosotros a su edad seguro que aún sueñan con cosas dignas de ser soñadas. Tal vez en sus sueños haya príncipes góticos de rostros casi transparentes a los que besan en el borde de algún acantilado con el rugiente mar como único testigo, quizas sueñen con tener una banda de 'death metal' o en conocer personalmente al cantante de 'HIM'. En todo caso seguro que tienen sueños; soñar es bueno, y nadie tiene derecho a reirse de los sueños ajenos sin mirar antes las realidades propias.
Se puede ser gótico y visitar a Obama. Se puede ser negro y presidente de los Estados Unidos. Se puede ser digno y tener la ropa oscura, la piel oscura...; pero jamás pueden ser dignos los que tienen el alma oscura.
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