lunes, 12 de octubre de 2009

Sobre corruptos, trajes y correas




En la huerta valenciana hay fruta podrida. Según los unos, poca; según los otros, mucha...

Los antaño acusadores son ahora acusados. Los entonces acusados se tornan acusadores...

Idénticos truhanes con distintos trajes a medida.

Una costa arruinada por el cemento y un Costa enriquecido con el rostro de cemento.

El sastre del emperador tejió sin hilos invisibles, y hasta los niños descubrieron el engaño.

La mano en el fuego empieza a quemarse..., ya huele a chamusquina.

Sustituyeron las antiguas tirantas por una reluciente correa...

Se rasgan las vestiduras pidendo justicia... No importa, eran regaladas.

Todos son culpables menos los culpables: el ojo que todo lo ve, las tablas de la ley y la paloma mensajera.

Algunos lo ignoraban. Muchos lo sabían. Otros lo sospechaban... A nadie extrañó.

Ya estamos acostumbrados a la fruta podrida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario