
En la huerta valenciana hay fruta podrida. Según los unos, poca; según los otros, mucha...
Los antaño acusadores son ahora acusados. Los entonces acusados se tornan acusadores...
Idénticos truhanes con distintos trajes a medida.
Una costa arruinada por el cemento y un Costa enriquecido con el rostro de cemento.
El sastre del emperador tejió sin hilos invisibles, y hasta los niños descubrieron el engaño.
La mano en el fuego empieza a quemarse..., ya huele a chamusquina.
Sustituyeron las antiguas tirantas por una reluciente correa...
Se rasgan las vestiduras pidendo justicia... No importa, eran regaladas.
Todos son culpables menos los culpables: el ojo que todo lo ve, las tablas de la ley y la paloma mensajera.
Algunos lo ignoraban. Muchos lo sabían. Otros lo sospechaban... A nadie extrañó.
Ya estamos acostumbrados a la fruta podrida.
Los antaño acusadores son ahora acusados. Los entonces acusados se tornan acusadores...
Idénticos truhanes con distintos trajes a medida.
Una costa arruinada por el cemento y un Costa enriquecido con el rostro de cemento.
El sastre del emperador tejió sin hilos invisibles, y hasta los niños descubrieron el engaño.
La mano en el fuego empieza a quemarse..., ya huele a chamusquina.
Sustituyeron las antiguas tirantas por una reluciente correa...
Se rasgan las vestiduras pidendo justicia... No importa, eran regaladas.
Todos son culpables menos los culpables: el ojo que todo lo ve, las tablas de la ley y la paloma mensajera.
Algunos lo ignoraban. Muchos lo sabían. Otros lo sospechaban... A nadie extrañó.
Ya estamos acostumbrados a la fruta podrida.
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